Orad, Hermanos

El sacerdote invita a la asamblea a orar para que su sacrificio y el de cada uno sea agradable al Padre. Es importante que, en cada misa, en el momento de la presentación del pan y del vino, cada asistente haga un ofrecimiento sincero de su vida para que su ofrenda sea unida a la de Cristo y así nuestra vida y la suya estén unidas por el mismo compromiso de amor y obediencia al Padre. Esto implica una disponibilidad total para hacer siempre su santa voluntad. Cristo y nosotros debemos ser una misma ofrenda para gloria del Padre.

El sacerdote dice: Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro sea agradable a Dios Padre todopoderoso. Y todos responden:

El Señor reciba de tus manos este sacrificio (tuyo y nuestro) para alabanza y gloria de su Nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia. Terminada la homilía, cuando la haya, el sacerdote lee la oración sobre las ofrendas. Y a continuación, comienza la PARTE EUCARISTICA con el prefacio: