A continuación, el sacerdote con las manos extendidas y en voz alta dice la oración: "Señor Jesucristo, que dijiste" y, al terminarla, extendiendo y juntando las manos, anuncia la paz, vuelto al pueblo, mientras dice: "La paz del Señor esté siempre con vosotros", y el pueblo responde: "Y con tu espíritu". Luego el sacerdote, si se juzga oportuno, añade: "Daos fraternalmente la paz" (OGMR 154).
En ese momento, conviene que cada uno exprese sobriamente la paz sólo a quienes tiene más cerca (OGMR 82), lo que debe hacerse sin moverse de su lugar.
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