A todos se nos han dado talentos. Cada uno ha recibido lo que puede administrar de manera idónea. Nos han sido dados no para enterrarlos, sino para ponerlos a producir. El don que no se da termina acabándose. Pero el asunto no es solo poner a producir el don recibido, sino administrarlo con fidelidad.
Estamos llamados a producir, pero no bajo las condiciones del mundo actual del mercado donde todo se mide por eficacia, competitividad, rendimiento; sino que el parámetro nuestro debe ser la fidelidad. No importa lo mucho o lo poco que se haya recibido lo importante es ponerlo a producir siendo fieles a Dios mismo que es quien ha puesto en nosotros medios suficientes para construir la comunidad y para salvar al ser humano.
Puesto que todos hemos recibido mucho o poco de parte de Dios, la pregunta que estamos llamados a hacernos hoy es: ¿Qué estoy yo haciendo con lo que Dios me ha dado? No podemos ser negligentes y holgazanes con lo que hemos recibido de parte de Dios. Pongamos todo nuestro ser a la disponibilidad de los demás. Es la única manera como no se nos quitará lo que tenemos. Por el contrario, el ejercicio continuo de nuestras posibilidades permitirá que nuestros talentos se reproduzcan. Mientras más nos ejercitamos en algo más nos perfeccionamos. Por eso al que tiene se le dará.
No tengamos miedo de entregarnos. Es de la única manera que crecemos. El que se queda retraído en sí mismo, el que se encierra en sus propios rincones se vuelve raquítico. No crece. El crecimiento humano depende de la actitud de entrega que tengamos.
De la única manera que pongo a producir mis talentos es si me hago responsable de los demás. Eso es lo que me va a permitir crecer como persona y como cristiano. La cuenta que tendremos que dar será en torno a nuestra fidelidad, la cual siempre conlleva responsabilidad. El sentido de responsabilidad nos va a permitir salir a flote de debajo de nuestros escondrijos. Como ha señalado el doctor Valentín Fuster: “Ese sentimiento de responsabilidad es un estímulo para mantenerse a flote y actúa como un antídoto contra la depresión que ayuda a conservar el control de la propia vida. Por mi experiencia personal, por lo que veo con los pacientes, esta sensación de hacer algo por otros, de contribuir a la comunidad, es básica para que una persona se sienta feliz y realizada. Quienes solo trabajan pensando en sí mismos son extremadamente vulnerables y tarde o temprano llegan a un punto en que se dan cuenta de que ya han hecho todo lo que podían y de que ya no pueden hacer nada más. Y esto explica en parte que las personas que están en la cima de la jerarquía social no sean en conjunto más felices que las de clase media o baja.”
De modo que poner a producir lo que somos y tenemos no solo es beneficioso para el otro, sino para nosotros mismos. En la entrega está la clave de todo crecimiento humano. Si quieres frustrarte quédate encerrado en ti mismo; si quieres realizarte, lucha por darte entero como don de Dios que eres. Tú mismo eres el gran talento que Dios ha puesto en tus manos. Si eres fiel a ti mismo descubrirás que dándote es como descubres que creces.
- Inicie sesión para enviar comentarios
- Visit http://caminoaemaus.com/drupal/node/1135
