¡Cristo Rey, Cristo Pastor! (23/11/08)

Cristo Rey

Hay cabras y hay corderos. Las cabras van saltando de sitio en sitio empujadas por su ímpetu. Los corderos van tras su pastor, a donde él indique el camino. Las cabras saltan empalizadas, los corderos se agachan bajo las alambradas. Las cabras son rebeldes para dejarse guiar; los corderos se dejan llevar fácilmente. Hay hombres cabras y hombres corderos. Hombres que se dejan guiar por Jesucristo y otros que no. Hombres que han puesto a Cristo como rey único; y hombres que no quieren saber nada de él.

 Sin duda que Cristo fue un hombre cordero. Así lo definió Juan y así lo llamamos nosotros en cada eucaristía. Es cordero porque es manso. Porque se deja guíar por el gran pastor que es su Padre. Pero gracias a que se deja guiar como cordero, llega a ser un buen pastor. Ese es el estilo de gobernar de Jesús. Gobierna como pastor que guía el rebaño de los hombres. Es esta una de las características de la realeza de Jesús, característica bien apreciada por el pueblo de Israel.  

Para Israel un rey bueno era aquel que ejercía sus funciones como un padre de familia. Por ejemplo el rey David es el más estimado en la tradición israelita porque desempeñó su reinado como un padre de familia que administra justicia entre sus hijos. En eso consiste la pastoral de gobierno. ¡Cuando entenderemos que gobernar no es mandar, sino orientar!  

Pero el reinado de Jesucristo supera por mucho el de David. Jesús es el buen pastor que no espera que las ovejas vayan donde él, sino que él sale a su encuentro, las rescata, las cuida, las protege, las separa de las cabras que quieren hacerles daño. El pastor llama las ovejas por su nombre y las recuesta junto a él.  

Al final de nuestros días seremos juzgados como cabras o como corderos. Ese será el trabajo del pastor: separar a unos de otros. Y el criterio de discernimiento será la ayuda que hayamos prestado. No se nos clasificará por los saltos que hayamos dado, si hemos saltado las alambradas del éxito, si hemos brincado del monte de la fama al monte del poder; si hemos corrido tras el conocimiento humano. No. Se nos ubicará de acuerdo a como hayamos seguido al pastor de manera sumisa y obediente. Es decir, si hemos hecho lo que el pastor nos ha indicado: amar. Recordemos cómo lo ha expresado san Juan de la Cruz: “En el ocaso de nuestra vida seremos examinados en el amor”.  

El pastor no pide que sus ovejas hagan malabares o que corran despavoridas. Simplemente les pide que hagan las pequeñas cosas: dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, visitar al enfermo y al encarcelado. Todas estas son cosas que se pueden hacer sin mucho esfuerzo.

En el Antiguo Testamento Dios aparece como un pastor “que va a curar, guiar, alimentar, librar de peligros a sus ovejas, y también las juzgará, las separará unas de otras y las reunificará. Cristo aparece como el que -después de haberse entregado totalmente por su grey, hasta la muerte- vendrá como Juez, separando a los buenos de los malos al final de los tiempos, concluyendo el ciclo de toda la historia. Le llamamos Señor, Juez, Maestro, Rey, Salvador, Mesías. Son títulos que convergen en una riquísima Persona, la de Cristo, que es la clave para interpretar y vivir la existencia de todo hombre y de todo el cosmos.” (J. Aldazabal)