Los Diaconos en la Biblia

La palabra Diácono aparece nueve veces en la Biblia, todas en el Nuevo Testamento. Esta palabra viene del griego DIAKONIA que significa servicio, es decir, el Diácono es un servidor, está  al servicio de la comunidad. En nuestra Iglesia dominicana es bastante grande el número Diáconos, solo en la Arquidiócesis de Santiago son unos 111, y precisamente fue aquí donde comenzó está experiencia en América Latina que hoy se extiende por el mundo entero.

Algunos sitúan el fundamento bíblico sobre los Diáconos en Hechos 6,1-7 en la llamada institución de los sietes helenistas, debido a un problema que la comunidad tenía en cuanto al servicio de atender a las viudas de la comunidad, las más pobres de los pobres de entonces, los apóstoles testigos privilegiados de la revelación no podían aunque quisiesen atenderlas y por lo tanto eligieron a siete miembros de ella, para dicho trabajo, el asunto es que los apóstoles para esta tarea les imponen las manos; aunque este texto no justifica bíblicamente el diaconado jerárquico dentro de las posteriores comunidades cristianas, si se ven en él filones de lo que en el futuro ciertos ministerios, como el diaconado, tendrían en la Iglesia. 

Me parece que si hay un fundamento bíblico para el diaconado permanente surgido de las entrañas del Concilio Vaticano II, habrá que establecerlo a partir del texto de 1Timoteo 3,8-13. Esta carta junto a las de San Ignacio de Antioquía y de Tito, nos presentan un modelo eclesiológico y jerárquico que llega hasta nuestros días. Según ellas la Iglesia estaba estructurada para finales del siglo I d.c., en: Episcopo (Obispo), Presbíteros y Diáconos, todos con funciones y exigencias comunes, pero con sus diferenciaciones en cuanto al ejercicio de su trabajo y autoridad en medio de la comunidad. 

Respecto al Diácono el texto citado de primera a Timoteo, dice que  debe ser primeramente una persona digna y sin doblez, es decir, una persona respetable, de cierta moral diáfana y sin hipocresías, una persona de palabra, en lenguaje sencillo, que lo que es por delante, lo sea por detrás. Añade ahí mismo que no sea vicioso, sobre todo con la bebida, y que sus trabajos y negocios que realice sean también morales y aceptados por la sociedad, pues en él está la reputación pública de la comunidad. También se les pide que sean conscientes en la guarda del misterio de la fe, es decir, en mantener el plan salvífico de Dios revelado a toda la humanidad, que lo interioricen y que asuman el compromiso que él mismo conlleva. Se pide en el texto que los candidatos sean sometidos a pruebas, pues no es asunto de solo querer, sino de ver si se puede. En el verso 3,11 el autor sagrado habla acerca de las mujeres y cita una serie de cualidades que las mismas deben tener, prácticamente iguales a las que se les piden a los Diáconos, es probable de que esas mujeres de las que habla y espera esas actitudes son las esposas de los Diáconos.

Por último se pide que el diácono sea hombre de una sola mujer, para algunos esto significa que no se divorcien, para otros que al morir la esposa no se vuelvan a casar, como se les pide hoy día, y finalmente se les pide que sepan dirigir bien sus hogares y educar bien a sus hijos. Creo que estas cualidades bíblicas de los diáconos se ajustan bien a estos servidores maravillosos que tenemos entre nosotros, por esos damos gracias a Dios, por los Diáconos santos, trabajadores, serios y responsables que hay entre nosotros.