Homilia de la Primera Misa del P. Pablo Ariel Lopez

Es para mí de mucho gozo y alegría, ser participe de este acontecimiento tan significativo de la Ordenación Sacerdotal de Pablo Ariel y de su primera Misa, aquí en la Parroquia de la Sagrada Familia de Tamboril. Esta parte de la Primera Misa de Pablo Ariel correspondía a Mons. Rafael Felipe, Mons. Fello, como le decimos de cariño, ya que él ha tenido una incidencia capital en todo el proceso vocacional de nuestro recién ordenado, pero por circunstancias de trabajo, Fello no ha podido y por tal razón el neopresbítero ha pedido que un servidor tenga esta parte, ya que llevamos conociéndonos desde hace alrededor de 16 años, los que tengo como sacerdote, ya que en este pueblo de Tamboril fue que me inicie en dicha labor.

En aquellos años al llegar aquí, no habían monaguillos y pedí permiso al Párroco de entonces el P. Juan Evangelista Disla para formar un grupo de monaguillos, el accedió y comencé a hacer las propagandas en las Misas, uno de los que aceptó el llamado fue precisamente Pablo Ariel, a quien ya conocía a través de su hermana Rosi, que trabaja en la Pastoral juvenil, pero además conocía a toda la familia y la había visitado a través de aquellos encuentros que hacíamos en la casa de los coordinadores de la Pastoral Juvenil. Al conocer la familia me di cuenta que entre ellos existía ese sentido de familia que es muy importante a la hora de uno decirle que sí al llamado del Señor a la vida sacerdotal.

 

Como monaguillo el P. Pablo Ariel era de lo más diligente, aprendió inmediatamente todo lo concerniente a este oficio eclesiástico y desde ya había manifestado que le gustaría ser sacerdote; lo llevamos a él y a otros a las jornadas vocacionales que se hacían en el seminario San Pío X, entró prontamente al seminario y desde el principio se fue viendo en él la recta intención del surcar el camino sacerdotal: hacer de su vida una entrega a Cristo a través de este ministerio, al cual el mismo Señor le llamaba.

 

Por eso junto a él, su familia, su comunidad y toda la Iglesia arquidiocesana de Santiago, nos sentimos rebosante de alegría por que el Señor ha comenzado en él una obra grande y hermosa: la de ser presencia viva del Señor a través de su testimonio de vida y del ejercicio del ministerio que hoy por manos de nuestro Arzobispo, la Iglesia, por la fuerza del Espíritu, le ha conferido.

 

Hoy el P. Pablo Ariel comienza a andar un nuevo camino en su existencia, un camino para el cual se ha preparado durante sus años en el seminario, un proyecto en el cual ha invertido gran parte de su vida, por que cree en ese proyecto que un día el Dios de Jesús le presentó, y ese día en el que se dio cuenta del llamado, junto al día de hoy deben de ser siempre la referencia inmediata para él, cuando en el discurrir de sus días, de ahora en adelante, algo pueda presentarse  queriendo distorsionar este proyecto querido de Dios y que da sentido a la vida de él en este mundo.

 

La tarea que Dios pone en sus manos es ardua, fuerte, pero gozosa, realizadora y vitalizante, pues el sentido grande de la vida de nosotros los humanos está en el darnos en nombre de Dios a los demás y me parece que en este mundo no hay un medio más idóneo para ello que la entrega al llamado de Dios, a la vocación particular que el llama de ser sacerdote de su pueblo y sacerdote para siempre.

 

Le toca a él vivir su sacerdocio en un mundo donde no hay inocentes, ni secretos; en un mundo donde hay abundante corrupción e inversión de los valores, en medio de una cultura cambiante, en una Iglesia que quiere fijar su identidad y que a veces tiene la tentación  de atrincherarse y no entrar en diálogo con el mundo y el hombre de hoy, a diferencia de Cristo que habló y polemizó con todos los estratos sociales y de pensamiento de su tiempo. El sacerdote es un hombre tomado de entre los seres humanos  para servir a esos mismos seres humanos en nombre de Dios, por esos el sacerdocio de Pablo Ariel el único norte que debe tener es siempre servir, ningún otro interés debe acompañar su vida sacerdotal; no debe de tener miedo de entrar en relación y en diálogo con todo lo que de acción y de pensamiento se mueva en el lugar en donde va a desempeñar su labor, ser amigos de todos, no de algunos, ser coparticipe de todo lo que afecte a la comunidad, no lo que solo a él le guste o le agrade, no ser afín solo con los que son afín a él, sino también con aquellos que son ovejas perdidas del Señor: pecadores y poco o no conocedores o negadores de su palabra a quien ese mismo Señor le ha enviado.  La misión del Sacerdote es incluyente, no es excluyente, por eso el P. Pablo Ariel debe ser el Padre de todos, no solo de grupitos o personas cercanas a él.

 

Al P. Pablo Ariel le tocarán problemas y dificultades, como dice el libro del Eclesiástico: ´´Hijo mio si vas a servir al Señor, prepárate para la prueba´´, pero también el Señor dice que solo su gracia nos basta y a decir del apóstol Pablo: ´´Si Dios esta con nosotros quien contra nosotros´´, y añade, que ´´todo lo podemos en aquel que nos conforta´´. La gracia sacerdotal y el Espíritu que ha recibido serán parte del arsenal que lleve para combatir la tentación, el cansancio, y por que no, para levantarse si alguna vez cae.

El ser sacerdote no lo hace una persona perfecta, sigue con las mismas imperfecciones en potencia que llevamos todos los seres humanos, pero la diferencia está, en que conoce bien la misericordia de Dios y su amor, por que es dispensador de esas bondades de Dios para con nosotros. Siente compasión del pecador, por que él también lo es y el pecado de aquel puede también ser su pecado el día de mañana y a ninguno de nosotros nos debe sorprender por que tan humano es el sacerdote como todos. Que ninguna falta le aflija el día de mañana en el sentido de su labor y el seguimiento del proyecto sacerdotal, antes bien apelar a la misericordia y compasión de Dios y continuar.

 

Tres cosas importantes que le ayudarán en su itinerario y que es bueno que la tengas siempre en cuenta: 1) La familia: el P. Pablo Ariel proviene de una familia de fe, una familia amiga de muchos sacerdotes y de gente que nunca ha sido ajena al quehacer de la comunidad parroquial. El regalo más hermoso y el orgullo más grande para una familia cristiana es saber que de en medio de ellos el Señor ha visto con agrado  a uno de sus miembros. Este es un referente que él nunca debe olvidar,  de donde viene y de donde ha salido y que nuestro Dios se ha complacido no solo en él, sino en toda su familia. El sacerdote debe tener un director espiritual, para en muchas ocasiones buscar orientación en su vida, no hay mejor director que la madre que Dios nos ha dado, son mujeres que tal vez no tienen títulos universitarios o cosa por el estilo, pero tienen la gran sabiduría de la vida y del Espíritu de Dios. 2) La Celebración Eucarística: el sacerdote está para ser el dispensador de este misterio tan inefable donde Dios se hace uno con nosotros, que el P. Pablo Ariel celebre siempre cada eucaristía como si fuera, como lo que hoy celebra: su primera misa, que cuide la oportunidad inmensa que siempre va a tener a través de esta celebración de comunicar la Palabra de Dios, de congregar al pueblo de Dios, de alimentarlo y de presentar bellas acciones de gracia, por medio de esta acción de gracia por excelencia que es la Eucaristía. 3) Cristo: que ese sea siempre su guía, si se siente medio perdido en el camino, volver a Cristo; el Sacerdote es otro Cristo en medio de este mundo, es presencia suya ante los hermanos, debe tener la mirada de Cristo y hacer lo que hizo Cristo, incluso hasta ir a la cruz como él fue. Cristo vino ha darnos vida, el sacerdocio es uno de los ministerio que más vitalidad da a la comunidad, la diviniza, la hace una con su fundador y guía que es Dios. El P. Pablo Ariel podrá y deberá de leer muchos libros en su vida, pero ninguno será tan sublime como la lectura y comprensión de los Evangelios. Su actuación y su existir deben ser moldeados cada día por Cristo, hasta llegar a ser una mimesis o un clon de él.

 

Padre Pablo Ariel… hoy nos gozamos en verte sacerdote. Nos enorgulleces con la decisión y el camino que has tomado, ojala que muchos jóvenes que están aquí tomen la decisión que tú hoy tomaste. Tú y todos estamos alegres, damos gracias al Señor y esperamos que esta alegría siga en tu vida y en la nuestra a través de la labor que vas a comenzar. Sigue adelante, no te detengas, que el Señor que ha comenzado en ti la obra buena sea el mismo que la lleve a término. Amén.