Haiti y su pobreza siempre han estado ahi

Hace un tiempo escribía en este mismo medio, una reflexión en cuanto a la situación nuestra como pueblo y nuestra relación con nuestros vecinos haitianos, en ella partía de la parábola de Lucas sobre el buen samaritano, señalaba que para nosotros y para el mundo el pueblo haitiano era como aquel tirado en el camino que debíamos auxiliar, debido a la gran pobreza que sufre este pueblo latinoamericano. Hoy, debido a la gran catástrofe que ha sucedido, muchos se asombran ante la pobreza que junto a la tragedia han encontrado, pero resulta que Haití y su pobreza siempre han estado ahí.

Lo ocurrido con el temblor sabemos que ha sido grande, pues hasta nuestros más recónditos pueblos sintieron el fenómeno, parece que  aquello fue como una especie de grito de la misma naturaleza, haciendo un llamado ante la situación que allí se vive, pues se cayeron las edificaciones de las instituciones gubernamentales, pero hace tiempo que en este pueblo, calificado por Estado Unidos como un Estado fallido, sus instituciones y gobierno cayeron, solo tiene gobierno e instituciones de nombre, pues los que lo dirigen es una oligarquía rancia, que no permite que este pueblo avance, junto a unos vividores que se quieren proclamar como redentores de esta nación.

Ahora en nuestro Santo Domingo hay muchos pidiendo ayuda para Haití, pues la situación lo amerita, pero Haití con su pobreza siempre ha estado ahí, incluso grupos nacionalistas que reprueban el hecho de acogida de los migrantes haitianos, que dejan su pueblo no por que quieren, sino porque la pobreza les empuja a dejar su patria, su suelo empobrecido por la desforestación y falta de políticas serias de desarrollo, por parte de sus políticos y de la comunidad internacional, pues está comprobado que nadie deja su tierra así como así, sino que siempre hay una motivación profunda y lacerante, y en la mayoría de los casos, la razón es la pobreza que es la fuerza motriz que empuja a la migración en el mundo.

Hoy en día gracias a Dios el mundo entero ha vuelto sus ojos a Haití y su pobreza, algo que nuestro país a través de sus últimos gobiernos ha hecho, haciendo llamados sobre la situación que allí se vive en diferentes foros internacionales. Sabemos que Dios no quiere el mal, sino que lo tolera debido a la libertad que nos ha dado a nosotros y a la naturaleza, tal vez esta tolerancia de este mal, para este pueblo cargado de males, se convierta en el llamado a una solidaridad mayor y a una creación de políticas serias y mundiales para que Haití se encamine de manera definitiva por el camino del progreso que su gente se merece. Esperamos que este terremoto, que ha movido bastante a nuestra isla, mueva también a la las naciones ricas y poderosas hacia  Haití, con disponibilidad de recursos en gesto solidario hacia esta nación hermana, que con ellos comparte este mundo.

Son muchos los muertos, abundantes, sobre todo jóvenes y niños, triste espectáculo presentado por la prensa en los periódicos y la televisión hasta hartarnos, pues lamentablemente la muerte y los desastres venden, parece que los medios necesitaban algo así, pero independientemente de estos, muchos pueblos a veces necesitan el martirio y el sacrificio de muchos para lograr sus objetivos de desarrollo y libertad, una generación se sacrifica para que la próxima pueda vivir, incluso hasta la misma naturaleza lo hace, ojalá que estos muertos sean el sacrificio de un pueblo en aras de mejores tiempos y sinónimos de mártires para aunar esfuerzo y hacer posible un nuevo Haití con instituciones sólidas, siendo un verdadero Estado de derecho, con la participación de todos y sin esa pobreza que parte el alma de aquel que antes y ahora conoce la realidad haitiana.