Testigos de la Resurección

Es posible que la referencia más antigua sobre la resurrección, nos llegué en la Biblia a través de la profesión de fe o credo paulino, que nos llega a través de 1Cor 15, 3b-5, donde se expresa que Jesús resucitó y se le apareció a Cefas (Pedro) y luego a los doce; aunque esta Carta primera a los Corintios, se ubica alrededor de los años 54-60 d.c., este credo según los estudiosos se ubica ya hacia el año 40 d.c., diez años después de la  muerte y resurrección de Cristo y es recogido por Pablo a la hora de escribirle a su comunidad de Corinto

En el se presenta a Pedro como el primer testigo de la resurrección y los doce. Lo de Pedro se entiende perfectamente a partir de la preminencia que va  tener en los evangelios; que se escriben, Marcos en los 60-75 d.c., Mateo y Lucas en los 80 d.c. y Juan hacia el 90 d.c., es decir, si ellos colocan a Pedro como cabeza y vocero del grupo, es posible que sea debido a que en las comunidades se enseñaba este credo, donde se presentaba a Pedro como el primero en constatar la experiencia de la Resurrección. Luego está la experiencia de los doce, pues parece que Jesús tuvo muchos discípulos y discípulas, pero esta institución de los doce, a semejanza de las doce tribus de Israel, parece que tempranamente se fue haciendo presente en las comunidades, a tal punto que Lucas en Hech 1, 12-25 la destaca antes que el acontecimiento de Pentecostés y como base de la formalización de la comunidad y transmisora de la experiencia del resucitado.  

Pero el credo paulino no menciona a otros testigos claves de la resurrección, que son mencionados por los cuatros evangelios: las mujeres. Mateo 28, 8-10; Mc 16,1-13; Lc 24,1-11 y Jn 20, 11-18. El testimonio de estos evangelistas es unánime y coinciden en forma literaria e incluso en nombres, y el testimonio de Pedro queda subordinado al testimonio de ellas. Es importante tener en cuenta el papel, que jugaban las mujeres en aquella sociedad, en la cual eran seres de ínfima categoría, a tal punto que no servían para testigo legal, es decir, el testimonio de una mujer no era respetado y no era considerado valido, entonces, si los evangelistas o los discípulos hubiesen inventado el asunto de la experiencia de la resurrección, en este caso hubiesen hablado de hombres y no de mujeres, para hacerlo más creíble antes sus contemporáneos, pero no, ellos escribieron que fueron las mujeres, a costa incluso de no ser tenidos en cuenta, por lo veras y central de esta experiencia de la resurrección.  

Volviendo a la primera de Corintio en el mismo capítulo 15 pero en los versículos 6-8, Pablo sigue citando testigos de la Resurrección, primero a más de 500  hermanos, es decir, parece que luego de la experiencia de Pedro, los doce y las mujeres, hubo otras experiencias del resucitado, en las cuales podemos colocar la de los discípulos de Emaús en Lc 24, 13-35; después señala a Santiago pariente del Señor, de ahí podemos entender la gran importancia que tuvo este Santiago para la comunidad de Jerusalén en sus inicios (Hech 15,13 y 21, 18), y por último cita como también él es testigo de la resurrección, algo que en su autobiografía de Gal 1, 11-12 y en los comienzo de la misma carta puntualiza y asevera, y es a partir de ahí desde donde podemos entender el gran trabajo apostólico-misionero de Pablo.  

Nosotros también nos consideramos testigos de la resurrección, basado en estos testimonios dados por la Palabra de Dios, pues la Resurrección es el acontecimiento capital de nuestra fe y como dice el mismo Pablo: Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra Esperanza.