Carnaval politico Dominicano

Siempre se ha dicho que nuestro pueblo es un pueblo de gente alegre, que por cualquier motivo hace una fiesta, gente que le encanta lo que llamamos la "chercha". Más que el asumir responsabilidades, a veces tenemos la impresión que a la gente le encantaría pasarse todo el año fiestando y haciendo bulla que trabajando. Existe ya como una especie de calendario, organizado por el inconsciente o consciente colectivo, para fomentar los momentos festivos en medio de nuestra sociedad.

Una de esas ocasiones de fiesta, probablemente la que más, es el carnaval, que debe de celebrarse antes de la cuaresma, y es ahí donde tiene su significación histórica y cultural, pero que entre nosotros se celebra más allá de la cuaresma y si fuese por la gran mayoría del pueblo, todos los fines de semana del año serían de carnaval. Ahora en los últimos tiempos tanto el carnaval, como otras celebraciones, han sido recuperadas sociológicamente por las empresas que expanden bebidas alcohólicas, no con fines de que el pueblo se alegre o se reivindique el aspecto cultural e histórico del carnaval, sino simple y llanamente con fines lucrativos, lo que hace del carnaval una especie de orgia de borrachos sin fin, un ruido de música moderna ensordecedor y unos disfraces que nada tienen que ver con lo cultural, sino que buscan exacerbar el morbo reinante en la mente del dominicano.  

Pues algo parecido se da con la política. Las manifestaciones de los partidos y candidatos que estamos viendo en este tiempo pre-electoral, más que una presentación de propuestas y programas, lo que se parece es a la forma actual de celebrar el carnaval. Usted observa unos camiones y camionetas con unas bocinas que hacen temblar a cualquier objeto material a su paso, con una música de parodia insulsa e insensata sobre tal o cual candidato (a), o con discursos altisonantes que nadie entiende, ni dicen nada sustancioso, como si el concurso electoral se tratase de quien grita o hace el ruido mayor, a semejanza de los animales en medio de la selva. Luego en las esquinas más concurridas de la ciudad encontramos a un grupo, que impide el transito normal de los ciudadanos que no creemos en estos relajos, aupando su candidato y bebiendo a dos o más manos, lanzando basura como si nada a la calle, es decir haciendo una chercha más.

Ah!, y  que decir de las caravanas algunas a horas inoportunas impidiendo la libre circulación por los pueblos y la ciudad, en la cual vemos al candidato o candidata agitando su mano. Como si estuviera haciendo malabares ante un público, rodeado de yipetas, camionetas y camiones cargados de borrachos y de gente de lo peor de nuestros barrios y de nuestra sociedad o muchachas hermosas fisicamente, agitando una bandera sentadas en las ventanas de los vehículos, pero que si usted le pregunta por que lo hace, de seguro le dirá que por estar en el show.  Luego tenemos al candidato (a), que va saludando a la gente, besando a los niños, viejas, sonriéndoles a todos…Pero vaya sorpresa! ¿y ese no era el que en días pasados no se dejaba ver, ni llegar de  nadie, él que se le llamaba y nunca estaba, el que había prometido cosas y en menos de cuatro años se le olvidaron?, ah bueno…es que como estamos en el carnaval político dominicano él o ella ahora lleva un difraz, él de hombre o mujer afable, simpático, saludador, conocedor de todos, interesado por los problemas y preocupaciones, pero es solo un difraz que se quitará el 17 de mayo, gane o pierda y volverá a hacer el mismo o la misma de siempre: olvidadizo y que solamente le interesa el poder.

  Por estas razones carnavalescas es que muchos dominicanos han renunciado al ejercicio político, pues como dice el pueblo, esto se ha vuelto un ´´tigueraje´´, del cual el hombre o la mujer seria no quieren participar. Basta de este pan y circo, de este carnaval, así no se construye una sociedad, ni un pueblo que quiera contribuir al bienestar de sus ciudadanos y por ende tener cierta presencia en medio del mundo.