Tras el debilitamiento de Babilonia después de la muerte del Rey Nabucodonosor, comienza a partir del 550 a .c., la hegemonía del imperio persa en la persona del rey Ciro, quien toma Babilonia en el 539 a .c.
Los persas gobernarán Palestina por 200 años. Su estrategia imperial radicaba en el pago de impuestos por parte de los pueblos dominados, respetando su cultura y religión. Con ellos se da el regreso de la mayoría de los desterrados de Babilonia y la construcción del segundo templo de Jerusalén.
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