4.) Mesianismo-Profético de Israel y la efervescencia del momento a la aparición de Jesús.

En este complejo entramado social, nació, vivió y predicó Jesús de Nazaret. En torno al siglo I surgieron en la sociedad de Palestina una serie de profetas que lograron congregar en torno a sí un grupo numeroso de seguidores. Algunos de estos grupos tenían fuertes connotaciones apocalípticas, y esperaban una inminente intervención de Dios. Algunos esperaban un Mesías político que vendría a restaurar la monarquía judía que implicaba la expulsión del Imperio Romano, otros esperaban un Mesías Sacerdote, que vendría a restaurar el Templo de Jerusalén, otros un Mesías Maestro que enseñaría a todo el pueblo La Ley y su cumplimiento. Jesús no se identificó con ninguna de estas perspectivas.   

El grupo de Juan Bautista nos permite hacernos una idea de cómo eran llamados los discípulos de estos profetas. Su objetivo no era la relación con el maestro ni una misión ulterior, sino la preparación personal de cara a la manifestación inminente y definitiva de Dios. En el ministerio de Jesús encontramos también una invitación general a la conversión ante la inminente llegada del Reinado de Dios, pero además encontramos otro tipo de llamada individualizada que tiene que ver con su persona y con su misión. Ante una sociedad en conflicto Jesús tomó partido y anunció el Reino desde posiciones claras y categóricas.  Esta autoridad de Jesús, que ha sido definida de diversas formas (carismática, mesiánica), revela una autocomprensión que va más allá de lo que otros profetas y guías espirituales de Israel habían pensado de sí mismos.

Jesús aparece en la escena pública como antiguo seguidor del Bautista, el cual había ganado amplio reconocimiento social como profeta y hombre de Dios. El anuncio nuevo del Reino de Dios le costó la incomprensión, el rechazo y hasta la muerte en cruz.