7.) Jesús y la Gente de su Epoca.

Las enseñanzas de Jesús, y sobre todo su fama como sanador, atrajeron a muchos, que se reunían con gusto en torno a él para escucharle y para pedir su ayuda. En este grupo más amplio e indeterminado, destacan aquellos que son objeto de una especial atención por parte de Jesús: los recaudadores de impuestos, los pecadores, los enfermos, las prostitutas... Todos ellos tienen en común el hecho de ser personas marginadas en aquella sociedad. 

Los cuatro evangelios subrayan el éxito de Jesús entre los habitantes de las zonas rurales de Galilea. Probablemente, muchas de las personas que se acercaban a él permanecerían a su lado durante unos días o quizás una temporada. Su movimiento pretendía cambiar muchas cosas en la forma de vida y relaciones sociales del pueblo de Dios.  

De entre la gente que escuchaba y aceptaba el mensaje de Jesús fue surgiendo un grupo de amigos o simpatizantes, que formaron un segundo círculo en torno a él. Entre ellos podríamos quizás contar a algunos fariseos como Zaqueo (Lc 19,1-10), miembros del Sanedrín como José de Arimatea (Mc 15,42-47), o la familia de Marta, María y Lázaro, que los acogía en Betania cuando iban a Jerusalén (Jn 12,1-8; Lc 10,39-42).  

Eran las familias en cuyas casas él y sus discípulos se alojaban; aquellos que habían decidido vivir de acuerdo con el estilo de vida que él proponía, esperando la manifestación plena del Reinado de Dios y contribuyendo a su realización parcial en el presente.  

A estos amigos sedentarios de Jesús irían seguramente dirigidas muchas de las parábolas e instrucciones éticas recogidas en los evangelios para resolver problemas prácticos que caracterizaban la existencia cotidiana de las familias campesinas de Galilea.