Dos Minutos: ¿Cómo consigue uno entrar?

“Oye bien lo que voy a decir” dijo un respetable padre cibaeño a su hijo mirándolo directamente a los ojos: “el apellido no lo hace a usted, usted hace al apellido”. “Y cuídese” añadió, “que también en base al apellido, puede no ser más que un bandido”.

El hijo, mi querido compadre R.F.B., aprendió bien la sabia lección que le dio su padre ese día: lo que importa no es cómo usted se llame, sino qué comportamiento asume en su vida, llámese como se llame.

Llevar el apellido de “cristiano” es parecido, pero hay una diferencia muy grande, y es que para hacer honor a un apellido humano importa sobre todo el comportamiento externo, lo que se ve.

Sin embargo, cristiano no es sólo parecerlo, porque no es cuestión de parecerlo, sino de serlo.

Nosotros los dominicanos estamos haciendo lo que sea para tener una visa de entrada en un país donde pensamos que viviríamos mejor, y esto está muy bien. Ojalá tuviéramos también conciencia de la existencia de otros países donde se vive mucho mejor que en EEUU, España, Suiza, o cualquier otro.

En el evangelio de hoy (Lucas 13,22-30) aparece uno preguntándole al Señor Jesús si son muchos los que pueden “conseguir visa” de entrada para ese otro país, y el Señor no le responde. Más bien le explica quiénes son los que entran y “se sientan en el banquete de Dios”. Y dice que la puerta para entrar allí es estrecha, por lo que “muchos intentarán entrar y no podrán”.

Dígame una cosa: ¿Por qué no pude entrar alguien por una puerta estrecha? Piénselo. Tiene que ser porque está muy gordo o muy grande, ¿Verdad? “¿Qué significa esto de estar “gordo” o “grande”?, me preguntará usted.

Esto significa, sencillamente, creer que uno tiene derecho a entrar allí. Que uno se ha ganado el derecho de exigirle al Señor que le abra.

Es como uno que está muy gordo lleno de méritos por sus actos, o muy grande lleno de honores y de aplausos, y cree que esto le da derecho a gritarle al Señor que le abra.

La pregunta de hoy:
Entonces, por fin ¿Cómo consigue uno entrar? ¡No se consigue! ¡Sé recibe como un regalo! A este respecto, dice Javier Garrido: “Ya no estamos en la edad en que creíamos que salvarnos era recibir el bautismo, asistir a misa, y “practicar fielmente” los mandamientos de Dios y de la Iglesia”.

“El evangelio nos da una pista de por qué el Reino no llega a muchos de estos: porque se creen con derecho”.

(Seguir a Jesús en la vida ordinaria, pág. 324). Y en este mismo libro, pág. 320, afirma: “¿No te has enterado de que el seguimiento de Jesús no es para los que creen poder seguirle, sino para los pequeños que no pueden, y ponen su mirada en Él, y confían, y se entregan, y cuando fallan siguen confiados y pidiendo?”.

Espero que a usted y a mí el Señor nos llene de su misericordia para que nos saque la gordura y la grandeza de adentro, y así podamos entrar por esa puerta.

No es fácil. Nosotros solos no podemos., pero es posible para Dios, sólo si sabiéndonos incapaces seguimos confiando y pidiendo.