8.) Jesús y sus discípulos.

Jesús no actuó solo. Desde el comienzo de su ministerio quiso rodearse de un grupo de discípulos y colaboradores cercanos. La denominación “discípulo’ parece aplicarse predominantemente a aquellas personas que acompañaban a Jesús de forma permanente y formaban el círculo de sus amigos más íntimos. La llamada de Jesús a sus discípulos adquiere un significado particular cuando la situamos en el contexto de la sociedad Palestina del siglo I. Jesús no fue el primero ni el único que reunió en torno a sí a un grupo de discípulos, no fue algo absolutamente novedoso, pero ciertamente lo hizo de una forma nueva.  

En el mundo de Jesús había diversos tipos de relación discipular, y cada uno de ellos presuponía un tipo de llamada, el hecho de que un maestro o profeta invitase a otros a seguirle era relativamente frecuente.  Así pues, Jesús asumió elementos de estos modelos culturales a la hora de llamar a sus discípulos, pero al mismo tiempo, en su forma de llamar a los que luego serían sus discípulos encontramos una serie de elementos nuevos, cuya novedad perduraron en las primeras comunidades cristianas. 

Él mismo fue quien tomó la iniciativa invitando a aquellos que quiso. Jesús  llamó a algunos de sus seguidores para que le siguieran y se convirtieran en discípulos suyos. Según los evangelios, ser discípulo consiste en “seguir a Jesús” (Mc 1,18), “ir detrás de él” (Mc 1,20) o “estar con él” (Mc 3,14).   

El discipulado fue un elemento central en el ministerio de Jesús. Su actuación, su forma de vida y sus enseñanzas tuvieron como primeros destinatarios al grupo de estos discípulos más cercanos, que observaban, aprendían, preguntaban...   

Los discípulos son, junto con Jesús, los personajes más importantes de los evangelios. Las noticias que los evangelistas nos ofrecen acerca de ellos coinciden básicamente, están todos de acuerdo en que Jesús llamó a sus primeros discípulos al comienzo de su actividad pública, pero difieren a la hora de narrar las circunstancias y la forma en que aconteció dicha llamada. Tanto Juan como Marcos ambientan la llamada de los primeros discípulos al comienzo del ministerio de Jesús. Este parece ser un dato históricamente seguro. También están de acuerdo en que le acompañaron en todo momento y fueron testigos de lo que hacía y enseñaba, y coinciden en que a veces les explicaba algunas cosas sólo a ellos. Los cuatro evangelios concuerdan también en que estos discípulos vivieron algunos momentos de crisis en su seguimiento, y que cuando llegó el momento de su pasión la mayoría de ellos lo abandonaron.

Sin embargo, junto a estas coincidencias básicas, encontramos que los evangelistas difieren en aspectos importantes a la hora de presentar a los discípulos. La escena de llamada que más ha penetrado en la memoria colectiva de los cristianos es aquella en la que Jesús, pasando junto al lago de Galilea, encuentra a dos parejas de hermanos y, sin mediar palabra, les invita a dejar su oficio y su familia para seguirle y convertirse en “pescadores de hombres” (Mc 1,16-20 par.) Según los evangelios, Jesús llamó a sus primeros discípulos en Galilea, mientras que según Juan esta llamada tuvo lugar en Judea. Tampoco se ponen de acuerdo a la hora de identificar a aquellos discípulos. Juan menciona entre ellos a Felipe y Natanael, mientras que los otros evangelistas no conocen estos nombres y se refieren sin embargo a Santiago, Juan, Leví.  

Estos datos indican que los discípulos más cercanos de Jesús pudieron ser más de Doce, e incluso es posible que la identidad de los mismos variara con el tiempo, a medida que algunos se incorporaban al grupo y otros lo abandonaban. Pero también muestran que la institución de los Doce está muy arraigada en la tradición. Parece evidente que Jesús quiso que sus discípulos más cercanos fueran doce, para simbolizar en ellos la renovación de las doce tribus de Israel.

Además de este grupo de discípulos más cercanos, que podemos identificar con los Doce, Jesús tuvo otro grupo de seguidores, que le acompañaron desde el principio de su ministerio. A este grupo de discípulos pertenecían también algunas mujeres, la más conocida de las cuales fue María Magdalena. Estas mujeres no sólo le asistían mientras estaba en Galilea, sino que le acompañaron hasta Jerusalén (Mc 15,40-41; Lc 8,1-3). Lucas conoce también un nutrido grupo de seguidores a los que Jesús envía a proclamar el evangelio (Lc 10,1-2). 

Los evangelistas modificaron las tradiciones históricas sobre el discipulado con el fin de proponer pautas de vida creyente para sus respectivas comunidades. 

La finalidad de la llamada era que estuvieran con él y se prepararan para asumir una misión idéntica a la suya.