Un estudio comparativo de los evangelios muestra que las palabras atribuidas a Jesús se transmitieron desde muy pronto sin apenas variaciones. Pero cabe plantearnos, realmente las palabras atribuidas a Jesús fueron verdaderamente dichas por el mismo? Es posible que 30 años después de su muerte alguien recordara de él ideas o palabras sueltas.
Sin embargo, las acciones de Jesús presentan divergencias notables, lo cual pone en entredicho su historicidad. Incluso dentro de un mismo relato comprobamos que las distintas versiones coinciden casi completamente cuando reproducen las palabras de Jesús, mientras que difieren ampliamente en los elementos narrativos. Si comparamos, por ejemplo, las cuatro narraciones de la curación del paralítico (Mc 2, 1-12; Mt 9, 1-8; Lc 5, 17-26 y Jn 5, 1-18) comprobamos que la orden de Jesús al enfermo es el único elemento común a todas ellas.
Este dato nos lleva a pensar que quienes transmitieron la tradición sobre Jesús concedieron mayor verosimilitud histórica a las palabras que a los detalles de sus acciones. Existen buenas razones para pensar que una parte de la tradición relativa a las acciones extraordinarias de Jesús tuvo su origen, no en el círculo de sus seguidores, sino en los ambientes populares de las zonas rurales donde realizó sus curaciones. En estos ambientes no existía la preocupación por la transmisión fiel de los hechos, de modo que quienes contaban, oían y repetían las acciones de Jesús no sentían escrúpulos por embellecer, exagerar y añadir elementos con los que sorprender e interesar cada más a sus oyentes.
Entre los hechos de Jesús históricamente plausibles destacan los exorcismos, las sanaciones y las comidas compartidas. Estas narraciones extraordinarias sobre las acciones de Jesús fueron las que encontraron las comunidades cristianas cuando empezaron a recopilar las tradiciones sobre él.
Las sanaciones y exorcismos, dejaron de tener interés por sí mismos para servir simplemente como imágenes simbólicas de experiencias de fe, procesos de conversión o prácticas rituales. No es posible atribuir a la iglesia la difusión de la fama de Jesús como exorcista y sanador, pues la iglesia primitiva se centralizó en difundir el mensaje de la muerte y resurrección de Jesús.
Respecto a la amistad de Jesús con gentes de mala reputación, sus exorcismos y su forma de comer contamos, con otro criterio poderoso para afirmar su historicidad, se trata de los testimonios que poseemos acerca de las acusaciones contra Jesús suscitadas por este tipo de prácticas. No es creíble que los seguidores de Jesús se inventaran acusaciones contra su maestro con el único fin de intentar justificarle, es lógico pensar que tales acusaciones son históricas y que los hechos desnudos que se imputan en ellas a Jesús son históricos.
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