Los libros contenidos en la Biblia son considerados inspirados o canónicos. La palabra canónico viene de Canon, que significa medida, norma, es decir los libros canónicos son los que están dentro de la normativa de Inspiración Bíblica.
Para el Antiguo Testamento hay dos Canon: el Hebreo y el Alejandrino. La primera noticia sobre el canon Hebreo nos llega a través del Siracida o Eclesiástico en su prólogo, a partir de ahí podemos establecer en él tres partes: a) La Ley o Torá donde está el Pentateuco. b) Los profetas o Nebiin, divididos en dos grupos: Profetas Anteriores (Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel y 1 y 2 Reyes), y Profetas Posteriores ( Isaías, Jeremías, Ezequiel y luego los doce profetas menores, que era un solo libro). c) Otros escritos o Quetubin, el autor del Siracida insinúa que esta parte del Canon todavía en ese momento estaba abierta y no dice cuales libros eran, parece que esta parte no estaba bien definida.
El Canon Alejandrino era en griego y más largo, pues tiene algunos libros que no están contenidos en el Canon Hebreo. Está contenido en la llamada traducción de los LXX o Septuaginta. La mayoría de las Biblias, a la hora de tomar el Antiguo Testamento, adoptan el orden del Canon Alejandrino, ya que la Septuaginta fue la Biblia primera que usó la Iglesia naciente en el siglo I d.c. Se divide en cinco partes: Pentateuco, Libros históricos, proféticos y sapienciales.
Los libros que están tanto en el canon hebreo, como en el alejandrino se les llama protocanónicos y lo que están en el canon alejndrino y no en el hebreo se les llama deuterocanónicos y son: Tobías, 1 y 2 Macabeos, Judit, Siracida o Eclesiástico, Barut, Sabiduría y Ester 10,4; 16,24 y Daniel 13 y 14. En la Biblia protestante no están contenidos estos libros porque Martín Lutero cuando tradujo en el Siglo XVI d.c., la Biblia al alemán utilizó el canon hebreo, no el alejandrino y por esa razón es que la Biblia protestante contiene 66 libros en el Antiguo Testamento, no 73 como la Biblia católica.
La Iglesia en el Concilio de Trento en el 1546, ante la traducción de Lutero optó por la versión en Latín Vulgar de la Biblia llamada Vulgata, que era una traducción de San Jerónimo del siglo IV d.c., quien para traducir el Antiguo Testamento utilizó el canon hebreo en Belén y para los deuterocanónicos usó una versión antigua llamada Vetus Latina. En los últimos tiempos ha variado mucho la posición protestante respecto a los deuterocanónicos, pues no fue que Lutero los excluyó, sino que los puso al final de su traducción como apéndice.
Sobre el Canon del NT su formación obedece a lo que se conoce como el Canon de Muratori. L.A. Muratori (1672-1750), descubrió en la biblioteca Ambrosiana de Milán un fragmento, que se conoce como fragmento de Muratori, y luego lo publicó en 1740, que databa del siglo II, en un latín bárbaro y a veces ininteligible, resultando su interpretación difícil, faltándole el principio y el final, conteniendo un índice sobre los escritos neotestamentarios. En ese índice faltaban Hebreos, Santiago y 1 y 2 de Pedro. Pero en si el Canon del NT se define en el concilio de Nicea (325).
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