6.) La Interpretación de la Biblia.

En la Iglesia  Católica todos a la hora de leer un texto bíblico tratamos de ver qué el texto quiso decir en el momento de su composición, qué se ha dicho de él a lo largo de la historia y que nos dice a nosotros hoy día, para ello hacemos usos de los diversos métodos de hermenéutica que tenemos a la mano y que se adecuen a las características propias del texto.

Pero para que haya una objetividad y no hagamos decir al texto lo que queremos o interpretaciones distorsionadas del mismo, en la Iglesia quien tiene la función de interpretar de manera normativa la Palabra de Dios es el Magisterio de la Iglesia integrado por los Obispo con el Papa, quienes realizan dicha función no simplemente de manera jurídica o política, sino carismática, ya que lo realizan con la asistencia del Espíritu Santo.  

El Magisterio no está por encima de la Palabra , sino al servicio de ella. Está interpretación que realiza el Magisterio es una interpretación auténtica, no en sentido técnico, pues en su camino hacia la verdad plena se auxilia de personas competentes, peritos y expertos en  materia bíblica, que dictaminan y orientan, pero no pueden imponer, ya que la instancia con la autoridad carismática para exponer y decidir es el Magisterio. 

El Magisterio no es la iglesia, ni está fuera de ella, ni por encima de ella, él recoge y guía la fe de la Iglesia , la expresa y salvaguarda. Es un cuerpo docente con una función dentro de una comunidad y en una tradición de fe. 

En cuanto a puntos controvertidos, el Magisterio decide y expone y puede adoptar forma de juicio bajo sentencia que puede ser definitiva e irreformable. No siempre surge la sentencia en un debate, la mayoría de las veces lo hace simplemente con autoridad. Las decisiones del Magisterio pueden ser negativas cuando se excluye una doctrina o una interpretación como irreconciliable con la fe de la iglesia. Las decisiones positivas proponen una interpretación valida, sin afirmar por ello que sea única. 

Los protestantes se han opuesto a ese principio de autoridad magisterial, de ahí su libre interpretación, a veces un tanto antojadiza, sobre todo en los grupos sectarios, sin embargo las Iglesias históricas del protestantismo reconocen la fuerza orientadora de las primeras acciones del Magisterio en los comienzos de la Iglesia.