Lectio Divina para este tiempo de Cuaresma (1-2-3)

Con el deseo de crecer en el conocimiento de la palabra de Dios, de purificarnos de nuestros pecados y prepararnos para la celebración de la Pascua, quisiera compartir con nuestros lectores, algunas lecturas bíblicas que pueden ser usada para una Lectio Divina o Lectura Orante de la Biblia, de manera personal o grupal, durante el resto del tiempo de cuaresma que nos queda.

 

Quiero comenzar sugiriendo la lectura de 1 de Reyes 19,1-18. Lo primero es hacer la lectura reposada, detenerse en los versículos o palabra que más llamen su atención y luego leer este pequeño comentario como ayuda para la Lectio: Elías es el gran campeón de la fe en Yahvé frente a todo el pueblo, debe recorrer su propio camino de fe, en su vocación y misión. La introducción de la lectura señala el manejo del poder en la corte del rey. Un mensajero llevará a Elías la condena a muerte. Elías teme y huye. Por delante tiene el desierto, deja a su criado y se interna en él, tiene luego un árbol debajo del cual se sienta solo. Ya no puede más y se desea la muerte y pide a Yahvé que se lo lleve, se recuesta y duerme. De pronto un mensajero lo invita a levantarse y a comer: la torta y el jarrón recuerdan su ministerio profético, Sin duda es Dios que sostiene su vida. Come, bebe pero no se levanta, luego el mensajero le vuelve a despertar, la comida y la bebida, son para darle fuerza durante cuarenta días y cuarenta noche para llegar hasta el monte de Yahvé, el monte Horeb o Sinaí, pero con esto: ¿Qué quiere Yahvé hacer con Elías…un nuevo Moisés?  

Entre las grandes manifestaciones de la Biblia, ésta de Elías tiene un lugar privilegiado, parecida a la de Moisés en Exodo 3,1-12. Primero Elías entra en la gruta o cueva. El lugar es importante por la pregunta que le hace Yahvé: ¿Qué haces aquí Elías? Es una sorpresa y un suave reproche al profeta, dando a entender que no debería estar ahí, pero Elías relata la situación del pueblo, ellos se han apartado de Dios y han asesinado a los profetas mensajeros del Señor y solo él ha sobrevivido ante la persecución y amenaza de muerte. Elías es un apasionado de Dios, inflexible, él ve en su fracaso el de Dios. Yahvé lo arranca de su queja para concederle una experiencia extraordinaria de revelación. Comienza con una orden de Yahvé: Sal y permanece fuera ante Yahvé, es decir fuera del encierro y de nuevo a la misión y se sigue anticipando la revelación de Dios en todos sus detalles: Los primeros elementos viento, terremoto y fuego recuerdan la presencia de Dios en el tiempos de Moisés, pero en ellos no estaba Yahvé, ellos no contienen la presencia Divina, solo la anuncian. La brisa suave, donde está Yahvé quiere situar lo divino más allá de todo fenómeno del mundo o del universo y de toda capacidad y comprensión humana. Cuando Elías lo oye y percibe, se cubre, es el temor sagrado, incapaz de aceptar este nuevo desafío, la pregunta de la salida se repite, para decir que a pesar de la revelación de Dios nada ha cambiado en Elías, y él que deseaba renunciar a su servicio Yahvé lo envía de nuevo para una última misión. Lo manda a ungir a un rey, más allá del pueblo de Israel, y también a un nuevo profeta sucesor suyo y por último corrige a Elías diciendo que no todos han fallado en Israel, que todavía queda un resto del pueblo que espera en Yahvé.  

Después de leído este comentario pasar al segundo paso que es la Meditación y preguntarse ¿Qué me dice esta lectura a mi vida?, ¿Qué el texto me quiere comunicar?, si es en grupo primero en silencio y luego compartir brevemente. Terminado este momento pasar al tercero que es la Oración y decir en forma de oración de alabanza, acción de gracias o petición lo que el texto me hace decirle a Dios. Después pasar al momentos cumbre de la Lectio que es la Contemplación, que es en silencio escuchar lo que Dios quiere decirme a través de esta lectura y en este momento, escuchar la voz de Dios, y por último ver a que me compromete esta lectura, a que Acción personal o comunitaria ella me envía.

Continuando con este proceso de adentrarnos en la Palabra de Dios en esta Cuaresma, queremos tomar como lectio para esta semana el relato de Lucas 15, 11-32, conocido como la Parábola del Hijo Pródigo, un texto que nos puede ayudar para acercarnos al arrepentimiento de nuestros pecado, al cual nos llama el Señor en este tiempo y siempre.

 

Recordamos que el primer paso es la lectura reposada, tranquila, varias veces, por lo menos tres y luego fijarnos en la palabra o versículo que más nos llame la atención, y después proceder a una profundización con el texto, y es aquí donde suministro unas ideas que pueden ayudar.

 

Esta Parábola solo se encuentra en Lucas, es de una fuente propia suya y está dentro de lo que se conoce como las tres parábolas de la misericordia, ya que este es el tema principal de Lucas a lo largo del evangelio: La misericordia de Dios que llega a los pecadores y pobres a través de Jesús. En ella el Hijo menor, pide al padre su parte de la hacienda, ya que en aquellos tiempos un padre podía repartir sus bienes entre sus hijos antes de morir. Este hijo  pierde todo viviendo desorganizadamente; al principio no se dice con prostitutas, como dirá después el hijo mayor, tampoco se habla de malgastar la hacienda del Padre, sino su propia hacienda. Su situación se volvió tan crítica que tuvo que aceptar un trabajo vergonzoso para un judío, como era el cuidar puercos.

 

Lucas señala que aquel muchacho en tan desastrosa situación recapacita y decide regresar a la casa del padre, ensaya un discurso, que al regresar intenta decírselo al padre y este no lo deja, pues al verle desde lejos el padre sale a su encuentro y le perdona. En esta Parábola el Padre (que es el personaje principal del relato, pues muchos creen que es el hijo menor) se presenta lleno de amor y generosidad, pues este le devuelve su dignidad de Hijo al mandar que se le ponga el anillo en sus dedos y sandalias para sus pies y un ropaje digno. Hay alegría en el Padre por que manda hacer fiesta y a matar el ternero cebado que era solo para grandes ocasiones. En el polo opuesto al Padre está el hijo mayor que es bueno, por que ha estado siempre en la casa, pero actúa con egoísmo ante su hermano, no con la generosidad del Padre. A esa actitud del hijo mayor el Padre responde con la ternura que le es propia para sus hijos y le hace ver la grandeza del momento, que es la vuelta del hijo menor.

 

La insinuación de Jesús, hacia la actitud de los fariseos, en la Parábola, es clara, ellos ante un Jesús que en nombre del Padre Dios acoge a los pecadores, actúan como el hijo mayor, cuando la actitud debe ser como la del Padre quien es capaz de acoger y perdonar.

 

Todo este texto es un tratado completo de la doctrina cristiana sobre la misericordia y el perdón divino. Como el Padre de los hijos, Dios ama al pecador, lo que repudia es su pecado; él siempre le da la posibilidad de arrepentirse y toma la iniciativa del perdón, reflejada en la salida del Padre al encuentro del hijo menor. Su iniciativa y perdón son un desafío a la falta de perdón de nosotros los humanos. Jesús una vez más demuestra que el ha venido a proclamar el tiempo del perdón de Dios y a buscar lo que este mundo considera perdido.

 

Finalmente damos cabida a lo demás paso de la Lectio Divina que son: La meditación (qué me dice el texto, a mi vida), la Oración (qué digo del texto en forma de oración), la Contemplación (qué Dios me dice por medio de este texto) y mi Acción o Compromiso (a qué elementos de conversión me lleva este texto).

La cuaresma es un tiempo de conversión, hay actitudes y apegos nuestros que hemos de una u otra forma legitimado en nuestras vidas, que nos impiden dar el salto definitivo hacia Dios y hacer que él more en nosotros y actuar en consecuencia de cara a ese Señor que nos trae la salvación; por eso para esta semana hemos elegido el texto de Lucas 19,1-10, que es la conocida conversión de Zaqueo, un personaje que nos puede ayudar bastante a volvernos o convertirnos de verdad a Dios. El episodio de Zaqueo es la conclusión de unas series de enseñanzas propias de Lucas. Zaqueo era un rico jefe de publicanos; estos, los publicanos eran pecadores públicos, usualmente eran cobradores de impuestos al servicio de Roma y como tal eran pecadores, pues estaban sirviendo al invasor y explotador del pueblo Santo, además de que los romanos eran unos paganos o infieles que estaban profanando la tierra sagrada de Israel. Zaqueo vivía en Jericó, en la región de Samaria y era pequeño de estatura. Para Jesús estos eran títulos que lo hacían acreedor privilegiado de la buena noticia de Salvación que él traía para los pecadores y más débiles. La multitud que iba con él así lo entendió y por eso hizo sus murmuraciones de que él fue a comer con pecadores.                                                                                                               Es bueno tomar en cuenta el sentido del comer en tiempos de Jesús, comer con alguien y en la casa de alguien o invitar una persona a la casa y aceptar dicha invitación para la comida, era decir que se tenía gusto y comunión por la persona que invitaba o acompañaba, si Jesús en los evangelios come con los pecadores es por que él los acoge y ellos a él, entabla comunión con aquellos que estaban perdido y ahora son rescatados por la misericordia de Dios en el Hijo Jesús. La salvación llega a Zaqueo pero hay un obstáculo: la riqueza, sin embargo es él mismo Zaqueo quien retira el obstáculo, repartiendo sus bienes y dando más, ya que al parecer también él era prestamista usurero, hombre fraudulento y de malos negocios. Esto va muy en sintonía con el mensaje de Lucas de condenar la riqueza mal habida o la acumulación vana y egoísta de la riqueza, en un mundo lleno de pobres y de necesidades. Ante la conversión de Zaqueo Jesús exclama la llegada de Salvación para él y su familia y dice que él es también hijo de Abraham, pues los judíos  solo se reservaban ese título para ellos y los que practicaban la ley de Moisés, diciendo Jesús con esto, que no es la pertenencia al pueblo judío lo que hace a alguien pertenecer a Dios, sino la fe, a semejanza de Abraham el padre de los creyente, de los que creen ahora en Jesús el Salvador. La llamada a la conversión es para todos, Jesús nos invita a bajarnos de nuestro árbol de pecado, dejarlo hospedar en nuestra casa, que somos cada uno de nosotros y convertirnos, cambiar y dar fruto, testimonio de esa conversión al igual que Zaqueo el hombre del evangelio, modelo de conversión. Concluyamos nuestra lectio de esta semana, con los demás pasos: Meditación (qué esta lectura me dice) , Oración (qué le digo a mi Dios con este texto), Contemplación (qué el Dios de Jesús me dice) y Compromiso o acción que es convertirnos de verdad como Zaqueo.