Luis García Dubús

Dos Minutos: ¿Puede Jesucristo liberarme del miedo?

Mi amigo J.E. estaba haciendo unos trabajos de ingeniería en la región sur del país, razón por la cual había estado alejado de su esposa e hijos durante algún tiempo. Y entonces se presentó la ocasión.

“Ingeniero”, le dijo una muchacha muy atractiva a quien conoció en una cena, “yo he notado que usted está muy solo... ¿no le gustaría un poco de compañía esta noche...?”

J.E. vaciló un poco antes de responder, a lo que la muchacha insistió: “¿Qué le pasa, ingeniero, es que usted no tiene coraje...?”


Dos Minutos: ¿Qué puede esperar quien se acerca al Señor en actitud de búsqueda?

Un maestro sufí había perdido la llave de su casa y la buscaba afuera, en la grama. Se puso de rodillas y comenzó a pasar sus dedos sobre cada hoja de hierba.  Llegaron ocho o diez de sus discípulos. 

- Le preguntaron: “¿Maestro te pasa algo?”.

- Él contestó: “He perdido la llave de mi casa”.

- Ellos preguntaron: “¿Podemos ayudarte a encontrarla?”.

- Él respondió: “Me encantaría”.


Dos Minutos: ¡Tan pequeñito, tan inmenso!

Dios pudo elegir otra forma de manifestarse si lo hubiese deseado. Piense en la tremenda energía que pudo haber desplegado, la luz que pudo haber proyectado, un trillón de veces más brillante que la estrella más grande.

El calor que hubiera podido generar, frente al cual el centro del sol sería sólo una débil velita.


Dos Minutos: ¿Cómo prepararme para conmemorar la llegada del Señor?

La noticia es la presencia. Y esa presencia representa paz, esperanza y capacidad de amar. No digo “querer” sino amar. “Querer” es un sentimiento: “Yo te quiero” igualmente podría querer a mi perro o a mi caballo.

Amar, en cambio, es un don de Dios. Quien lo recibe puede amar como nos amó Él: sin condiciones.

Le aseguro que no hay mayor regalo que este. Quien lo recibe vivirá con paz, y la esperanza dará razón y sentido a su vida.


Dos Minutos: ¿Tengo que hacer algo extraordinario?

Hace un tiempo leí algo que, sinceramente, me dio risa. Apareció en el Listín Diario, en la página dos, y se refería a una noticia publicada hace 90 años acerca de la famosa artista Sarah Bernhardt. Dice así: “La divina Sarah viaja siempre en compañía de amigos aristócratas y artistas, llevando considerable material de trajes y accesorios.

Además, no olvida llevar en el furgón con sus equipajes, el magnífico sarcófago destinado a guardar sus restos en caso de que falleciera”.


Dos Minutos: ¿Cómo puedo percibir la presencia del Señor en mi vida?

Si un día vamos a experimentar la felicidad de estar plenamente en su presencia, nada más razonable que ir “practicando” este encuentro en forma natural, estando al acecho de cualquier acontecimiento que nos permita notar la presencia del Señor en nuestra vida.

Somos cristianos precisamente porque hemos tenido la dicha de aceptar a Jesucristo resucitado como nuestro Señor y Maestro.

Por tanto, para nosotros El está vivo entre nosotros: Presente en nuestra vida.


Dos Minutos: ¿Cómo saber si soy humilde?

Cuando me lo presentaron, me llamó la atención su sonrisa franca. Él era un conocido empresario de Santiago, y no esperaba tanta sencillez en un joven de tan alta categoría socio económica.

Me alegré, porque íbamos a pasar la tarde juntos en una celebración deportiva en honor a mi querido amigo Andrés Bournigal, lamentablemente ido antes de lo que hubiera yo querido.


Dos Minutos: ¿Amarse a sí mismo es egoísmo?

Me sorprendió un aguacero y, luego de un buen trecho, pude guarecerme en la casa de un viejo campesino de la sierra. Me llamó la atención lo apacible que lucía su arrugado rostro mientras, absorto, contemplaba el aguacero caer. Después de un rato en silencio exclamó: “El agua es una bendición de Dios”, y luego siguió con su silenciosa observación.

Miré a mi alrededor y pude notar lo verde de los campos y su exuberante belleza, comprobando de inmediato la verdad de lo dicho.


Dos Minutos: ¿Y la Política?

Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios

“Excúseme, pero ¿quién es usted? “Le pregunté’’, y añadí a modo de explicación, “Le pregunto porque he observado que viene usted a misa todos los días y como también me parece haberlo visto en televisión, me gustaría saber’’ - “Yo soy (me dijo su nombre) y soy diputado. Debe ser por eso que me ha visto usted en TV.’’ - “¿Y usted siendo diputado, va a misa todos los días?


Dos Minutos: ¿Cuál es el traje de bodas del cual habla el evangelio?

Parabola del banquete de bodas

“¡Invítalos!, ¡invítalos!,” me decía una voz interior repetidamente. Me atreví a obedecer. Uno me dijo que sí enseguida; el otro puso resistencia y tuve que humillarme, pero finalmente se realizó la primera reunión, en la cual Aquel que me había dado la orden de invitarlos, se hizo presente de manera totalmente evidente.



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